El valor del malestar: por qué el dolor y la incomodidad son claves para la felicidad
Tabla de contenidos
- ¿Qué valor tiene la incomodidad?
- Las trampas de la comodidad permanente
- Cómo el dolor construye felicidad más firme
- Incomodidad como instrumento de transformación
- Preguntas frecuentes:
¿Te has preguntado cuánto de tu felicidad está condicionado por evitar sentir dolor, incomodidad, incertidumbre? ¿Cuántas oportunidades has dejado pasar por no querer enfrentar lo que duele?
¿Qué valor tiene la incomodidad?
Camargo nos invita a repensar nuestra relación con lo incómodo, con lo que no es suave ni cómodo. El malestar, ese cosquilleo interno de nervios, dudas, miedos, puede ser un indicador de que algo en nosotros está vivo, queriendo crecer, queriendo cambiar.
Algunas formas en que la incomodidad aporta valor:
- Permite el crecimiento personal: aprendizaje, reflexión, reordenamiento de prioridades.
- Nos confronta con nuestra realidad, con lo que ya no sirve, lo que queremos cambiar.
- Nos prepara para lo inevitable: las pérdidas, los fracasos, los momentos de crisis que todos enfrentaremos.
- Refuerza la resiliencia, esa capacidad de levantarse luego de caer.

Las trampas de la comodidad permanente
Ese refugio en la comodidad tiene costos invisibles:
- Fragilidad emocional: la menor adversidad nos desborda.
- Miedo al fracaso: arriesgarse parece demasiado costoso.
- Superficialidad afectiva: se evitan relaciones profundas por miedo al conflicto o al dolor.
Cómo el dolor construye felicidad más firme
Contrario a lo que muchos piensan, una felicidad cimentada solo en lo placentero puede ser frágil. La verdadera felicidad parece surgir cuando somos capaces de sostener momentos difíciles, integrar lo que duele, reconocer lo que falta, aceptarnos en la imperfección. Algunas ideas inspiradas investigaciones afines:
- El contraste: sentir dolor nos permite saborear lo bueno con más profundidad, generar gratitud. Apreciar un momento de paz, de alegría, cuando antes existía dolor, tiene un sabor distinto.
- El malestar emocional puede ser semilla de cambio y de descubrimiento interior.
- La exposición a experiencias incómodas, controladas, como aprender algo nuevo que requiere esfuerzo, enfrentar un miedo menor, permitir el desacuerdo, ayuda a construir fortaleza.
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Incomodidad como instrumento de transformación
Para que el malestar funcione como aliado, no basta con vivirlo pasivamente. Aquí algunas vías para transformar la incomodidad en crecimiento:
1. Reconocerla
Aceptar que duele. Poner nombre a lo que sientes: ansiedad, frustración, tristeza, incertidumbre. El primer paso siempre es reconocer, sin juzgarte por tener ese dolor.
2. No huir
En vez de bloquear, evitar o anestesiar (a través de distracciones, sobreconsumo, escapismos), enfrentar lo que sucede: cuestionarte, dialogar contigo mismo/a, con personas de confianza, o en terapia.
3. Aprender del malestar
Preguntas útiles: ¿Qué enseña esta incomodidad? ¿Qué necesito aprender de esto? ¿Qué está siendo desafiado en mí? ¿Qué valores están en tensión?
4. Abrir espacios de resiliencia
Poner en práctica retos controlados: proyectarse en algo nuevo que te da miedo, proponerte una meta exigente, aceptar que cometer errores es parte del proceso, ser tolerante con tus propios fallos.
5. Acompañamiento emocional
6. Programas estructurados de desarrollo
Además del apoyo personal o terapéutico, participar en programas de salud mental de SELIA —talleres, charlas, seguimiento psicoterapéutico o grupal— puede darte herramientas para incorporar la incomodidad en tu vida cotidiana, fortalecer tu capacidad de adaptación, aprender a no huir al primer malestar.
El malestar y la incomodidad no son enemigos de la felicidad: son materiales con los que se construye una felicidad más auténtica, más resistente. En esas zonas donde somos frágiles, donde pensamos que algo anda mal, muchas veces yace un semillero de fortaleza, de aprendizaje, de transformación.
¿Te atreves a no huir del dolor? ¿A permitir que la incomodidad te hable, como brújula, como aviso de lo que puede crecer dentro de ti?
Preguntas frecuentes:
1. ¿Es normal sentir que la incomodidad prevalece sobre la felicidad?
Sí. Especialmente en culturas que han idealizado la felicidad constante, puede parecer que si no estás siempre bien algo anda mal. Pero el malestar forma parte del crecimiento, de la experiencia humana plena.
2. ¿Cuándo la incomodidad deja de ser aliada y se vuelve dañina?
Cuando es tan frecuente o intensa que paraliza, cuando impide cumplir funciones básicas, genera sufrimiento clínico, cuando no hay redes de apoyo, cuando no sirve para aprender, sino para hundirse. Ahí es importante pedir ayuda profesional.
3. ¿Cómo puedo empezar a valorar mi propio malestar sin dejar de buscar la felicidad?
Pequeños pasos: permitirte sentir lo que duele sin juzgar, reflexionar sobre qué es lo que el malestar te está diciendo, establecer metas reales, permitirte momentos de recuperación, buscar acompañamiento emocional. Reconocer que la felicidad más estable suele estar junto a la capacidad de transitar lo incómodo.




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