Table of Contents
- La ansiedad en los niños: ¿cómo se manifiesta?
- Síntomas físicos, cognitivos y conductuales
- Cómo ayudar a un niño con ansiedad: estrategias para padres
- Ansiedad en la adolescencia: un problema en aumento
- Herramientas para abordar la ansiedad en familia
- La importancia de la prevención y el apoyo emocional
La ansiedad en los niños: ¿cómo se manifiesta?
La ansiedad es una respuesta natural del cuerpo ante situaciones percibidas como amenazantes. Sin embargo, cuando esta respuesta se activa de manera desproporcionada o ante estímulos que no representan un peligro real, puede convertirse en un problema.
Aroa Borrás Barrachina, psicóloga infantil y coautora del libro ¡Pánico! Psicoeducación para el trastorno de ansiedad infantil, explica que los niños no siempre saben cómo expresar lo que sienten. “Lo más común es que lo resuman con un ‘estoy muy nervioso‘”, señala.
Borrás destaca que el miedo y la ansiedad son dos conceptos diferentes. Mientras que el miedo es una emoción adaptativa que nos protege de peligros reales, la ansiedad se caracteriza por una preocupación constante y pensamientos catastróficos que no están necesariamente ligados a una amenaza inmediata.
“El sistema límbico empieza a funcionar, pero no por un riesgo real, sino por imaginar situaciones donde no salimos muy bien parados”, explica la psicóloga.
Síntomas físicos, cognitivos y conductuales
Cuando un niño experimenta ansiedad, su cuerpo reacciona de diversas maneras. Desde un punto de vista físico, puede presentar palpitaciones aceleradas, respiración agitada, sudoración o molestias estomacales.
A nivel cognitivo, la ansiedad se manifiesta como una sensación de preocupación intensa que dificulta la toma de decisiones. Finalmente, la respuesta conductual suele ser la evitación: el niño tiende a huir de las situaciones que le generan ansiedad.
“La suma de lo que piensa el pequeño y lo que siente físicamente le lleva a la tercera fase, la respuesta conductual: evitar la propia situación y salir huyendo de lo que le produce ansiedad”, explica Borrás. Este ciclo de pensamientos, emociones y comportamientos puede interferir significativamente en la vida cotidiana del niño, afectando su rendimiento escolar, sus relaciones sociales y su bienestar emocional.
Cómo ayudar a un niño con ansiedad: estrategias para padres
Ante una crisis de ansiedad, los padres y cuidadores desempeñan un papel crucial. Lourdes Espinosa Fernández, doctora en Psicología y profesora en la Universidad de Jaén, enfatiza la importancia de entender lo que le está pasando al niño y no minimizar sus sentimientos. “Frases como ‘eso es una tontería’ o ‘cómo vas a tener miedo de eso’ no son útiles”, afirma, ya que necesitan es comprensión y apoyo.
Espinosa también advierte sobre el peligro de la sobreprotección. “No se trata de empujarles hacia lo que temen, sino de que vayan comprobando, poco a poco, que lo que pensaban que iba a ocurrir no sucede”, explica. Este enfoque gradual permite que el niño gane confianza y aprenda a enfrentar sus miedos de manera saludable.
Por su parte, Borrás recomienda crear un ambiente seguro y utilizar un lenguaje compasivo. “Atravesar un periodo de ansiedad es difícil para un adulto, pero para un niño lo es aún más, porque carece de capacidad de regulación emocional y depende de otros para gestionarse”, señala.
La forma en que los padres responden a las crisis de ansiedad de sus hijos puede tener un impacto duradero en su desarrollo emocional. “Un niño con miedo es la vulnerabilidad en estado puro, y tus palabras y apoyo en ese momento van a marcar cómo se va a almacenar ese recuerdo en su memoria a largo plazo”, añade.
Ansiedad en la adolescencia: un problema en aumento
Los miedos que comienzan en la infancia pueden persistir y agravarse durante la adolescencia si no se abordan adecuadamente. Nuria Núñez, psiquiatra infantojuvenil y autora del libro Los niños también se deprimen, ha observado un aumento en los casos de ansiedad entre adolescentes, especialmente después de la pandemia. “Los varones tienden a ser más introvertidos, mientras que las mujeres, debido a factores hormonales, están más sensibles y expresan más sus estados internos”, explica.
Núñez recomienda acudir a un especialista cuando la ansiedad afecta significativamente la vida diaria del adolescente. Sin embargo, antes de llegar a ese punto, es posible tomar medidas en casa. Practicar técnicas de relajación, como la meditación guiada, o utilizar aplicaciones como Headspace en Netflix, puede ser de gran ayuda. Estas herramientas permiten gestionar el estrés y la rabia de manera más efectiva.
Herramientas para abordar la ansiedad en familia
Borrás ofrece en su libro varias estrategias para que las familias puedan abordar la ansiedad de manera efectiva. Entre ellas, destaca la importancia de transmitir calma, alejar al niño de la situación estresante y utilizar un lenguaje amable.
Una vez que el niño se haya tranquilizado, es fundamental permitirle hablar sobre lo que ha vivido. Este proceso no solo le ayuda a identificar los síntomas de la ansiedad, sino también a desarrollar habilidades para gestionarla en el futuro.
Espinosa subraya que el 50% de los problemas de salud mental en adultos tienen su origen en la adolescencia. Por ello, es crucial dotar a los menores de estrategias y competencias emocionales que les permitan enfrentar las vicisitudes de la vida. Estas herramientas para resolver sus problemas no solo les ayuda en el presente, sino que también les prepara para la vida adulta.
La importancia de la prevención y el apoyo emocional
La ansiedad en los niños y adolescentes es un problema que no debe subestimarse. Aunque es normal que los menores experimenten miedos y preocupaciones, es fundamental que los padres y cuidadores estén atentos a las señales de ansiedad y sepan cómo responder de manera adecuada. Crear un ambiente de comprensión y apoyo, utilizar un lenguaje compasivo y fomentar la comunicación abierta son pasos esenciales para ayudar a los niños a gestionar sus emociones.
Además, es importante recordar que la ansiedad no es algo que los niños puedan superar por sí solos. En muchos casos, será necesario buscar la ayuda de un profesional de la salud mental. Sin embargo, con el apoyo adecuado, los niños pueden aprender a identificar y manejar sus emociones, lo que les permitirá crecer como adultos emocionalmente saludables y resilientes.
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